Nos hemos preguntado hoy, ¿por qué, con el
uso masivo que se da de las TIC, hay personas que caen en adicciones, personas
que abusan pero no les genera dependencia y otras personas a las que ni
desarrollan adicción ni abusan?
Algunos investigadores se hicieron en su momento estas mismas preguntas
(y otras mucho más complejas) y, a través de la investigación científica han
podido arrojar luz al asunto. Así, el profesor Echeburúa y la profesora De
Corral en un estudio sobre la adicción a las nuevas tecnologías y a las redes
sociales en jóvenes (2010), encontraron los denominados factores de riesgo que, al contrario que los de protección (de los
que ya hablamos en esta entrada) aumentan la probabilidad de que nos
convirtamos en adictos a las TIC.
En
su estudio (que puede leerse al final del post) los investigadores concluyeron
que uno de los primeros factores de riesgo es la edad debido a que cuando somos más jóvenes, la búsqueda de
sensaciones y la impulsividad, viajan libres por nuestro torrente sanguíneo;
también lo son la disforia o la baja tolerancia a estímulos
displacenteros o desagradables, lo que genera en las personas cambios de humor e inestabilidad del estado de ánimo; los rasgos
o variables de personalidad también pueden ser elementos mediadores en la
adicción, si, por ejemplo, una persona es muy tímida, le resultará más sencillo
contactar y comunicarse con otras personas a través de un entorno seguro (que
no le genere ansiedad o estrés) como pueda ser el del mundo virtual; y, además,
muy unido a la personalidad, encontramos las habilidades sociales, cuando no están bien desarrolladas pueden
generar frustración en aquellas personas que no saben desenvolverse con
facilidad en las relaciones sociales del día a día. Podríamos añadir a esta
lista la presión de grupo, muy
presente en las situaciones de acoso escolar o ciberbullying cuando determinadas personas no hacen nada por
impedirlo y sólo observan y ríen los comentarios hirientes hacia la víctima
(cuando no lo son ellas mismas). No debemos olvidar que, en determinadas
personas, la insatisfacción personal
con respecto a su vida puede facilitar y/o fomentar el que huyan a una realidad
en la que puede ser lo que ellas más desean.

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