En esta primera entrada vamos a
tratar de dilucidar lo que engloba el concepto de adicción. Si acudimos a la Real Academia Española de la Lengua,
encontramos las siguientes acepciones:
«1. f. Dependencia de sustancias o actividades nocivas para la salud o el equilibrio psíquico. 2. f. Afición extrema a alguien o algo».
«1. f. Dependencia de sustancias o actividades nocivas para la salud o el equilibrio psíquico. 2. f. Afición extrema a alguien o algo».
Cabe puntualizar las acepciones
anteriores desde un punto de vista psicológico, dado que, las sustancias o
actividades no son nocivas per se, sino
que se convierten en perjudiciales porque la persona no tiene control sobre las
mismas y no es capaz de cesar en su consumo o realización.
A pesar de que el Manual
Diagnóstico de Trastornos Mentales o DSM-V (APA, 2013) no incluye los criterios
clínicos para el diagnóstico de las adicciones sin sustancia que no sean el
juego patológico (apostar dinero compulsivamente), hay una serie de señales de
alerta que podemos observar cuando una persona ha perdido el control sobre el
consumo de una sustancia o la realización de una actividad. Siguiendo al profesor Cía, A.H. (2013) podemos citar las siguientes:
Por lo tanto, nos encontramos ante comportamientos que, en un principio, están relacionados con el placer hedonista y pueden integrarse en la vida diaria del sujeto pero que, sin embargo, llegados a un punto, necesitarán más tiempo y más espacios de su vida para llevarlos a cabo. Así pues, lo que empezó siendo agradable puede convertirse en algo sumamente perjudicial.

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